Quedan apenas unos días para pasar página a un 2020 que deja una huella imborrable en la memoria.

Comenzamos este año con noticias de una gran pandemia que creíamos que no iba a sacudir al “mundo civilizado”, que la vieja Europa y la gran América esquivarían este golpe. Andábamos, reíamos, nos manifestábamos, se hacían mítines e incluso en la Comunidad Valenciana preparábamos nuestras fiestas de la Madalena y Fallas. Trabajábamos con total normalidad. Nuestra entidad cerró el ejercicio anterior como todos los años y puso en marcha su Plan de Gestión. En el primer trimestre fuimos «felices».

Todo se transformó a mediados de marzo. Nos adentramos en un segundo trimestre confinados, encerrados, culpabilizados, cargados de ignorancia y de falta de transparencia. Acciones y emociones que el miedo acentuaba. El más absoluto miedo. Nos resistimos a parar porque suponía dejar de atender a personas vulnerables. Y nos adaptamos para seguir ofreciendo un servicio que consideramos esencial. Aprendimos a trabajar de otra forma.

Llegó el verano, el tercer trimestre. Aún a expensas de grandes sospechas cuando vimos las estadísticas, nos dijeron que lo habíamos superado y podíamos irnos de vacaciones. Más ignorancia, más manipulación. Regresamos con la segunda ola.

Algunos nos llamaron ignorantes por seguir atendiendo. Locos por no cerrar nuestras puertas. Pero ahora, agotando los últimos días de este año que ha cambiado nuestras vidas, vemos que no estábamos tan locos. No hemos enfermado aunque debemos seguir extremando todas las precauciones que sean posibles. Alcanzamos de forma holgada nuestros objetivos. Y también los que nos ha impuesto la pandemia. Quizás la explicación sea más sencilla de lo que se podría esperar, hemos sumado esfuerzos: a la atención presencial unimos la virtual y en lugar de cinco días, trabajamos siete.

También ha habido sombras. La sociedad se ha (en)cerrado. Ni tan siquiera nos reconocemos por las calles, giramos nuestras caras, subimos y bajamos en los ascensores de forma individual, no nos cruzamos palabras y menos nos damos un apretón de manos, lejos quedaron los abrazos y casi en el olvido los besos. No estamos cansados, estamos dolidos; no estamos tristes estamos solos. De un día para otro nos han hecho vivir una soledad inesperada.

Y aquí estamos. Despidiendo un año que no olvidaremos nunca. No sabemos si como sociedad hemos tomado conciencia o banalizado la situación, pero lo que sí que es cierto es que nos han provocado una “fatiga pandémica”. Estamos cansados pero no rendidos.

Sabemos que esto pasará. Ante la adversidad hemos crecido, es cierto, hemos tenido situaciones económicas difíciles pero al mirar al año 21 solo nos queda la certeza de que la ciencia y las ideas pueden mover y cambiar al mundo. Somos tan frágiles como cualquier persona de la India o de África, podemos morir solos como cualquier ciudadano del Tíbet, quizá esa es la lección que debamos aprender… podemos rodearnos de grandes medios materiales pero todas las personas somos iguales. Y desde esta igualdad queremos abrazaros, besaros y estrechar vuestras manos. Algún día las volveremos a unir como ejemplo de la solidaridad y el compromiso.

Y como primer paso en el próximo año, os hacemos llegar este calendario -civil y solidario- de Patim para que os acompañe cada día.

Bienvenido 2021. José Francisco López y Segarra. Presidente PATIM